El Diez sostuvo un nivel muy alto durante todas las Eliminatorias para el Mundial de Brasil, pero en un torneo corto, cuando mejor rindió fue en la Copa América de 2007.

La primera decisión de Alejandro Sabella apenas asumió su cargo como entrenador de la Selección, allá por septiembre de 2011, fue nombrar como nuevo capitán del equipo a Lionel Messi. Fue una manera de hacerle saber al mundo, y en especial al propio jugador, que el Diez tenía que terminar de convertirse en la bandera del combinado albiceleste, luego del fracaso que había significado la eliminación en cuartos de final de una Copa América en la que Argentina era local y gran favorito. Apenas siete partidos después de ponerse la cinta de manera oficial por primera vez (la había llevado una vez en el Mundial 2010, contra Grecia, ante la ausencia de Javier Mascherano), el rosarino se transformó en el líder indiscutido del equipo.

Fue en una noche de Barranquilla. El combinado nacional había arrancado las Eliminatorias a los tropiezos, con una goleada 4-1 sobre Chile, la primera derrota en la historia frente a Venezuela y un pobrísimo empate en casa contra Bolivia, y se fue al descanso 1-0 abajo en su visita a Colombia. El panorama rumbo a Brasil 2014 empezaba a ponerse oscuro y ya había quienes hasta cuestionaban la continuidad del entrenador. Y entonces, el que era el mejor del mundo cuando vestía de blaugrana, empezó a ser el mejor del mundo en versión albiceleste: Messi se puso el equipo al hombro y dio vuelta el partido prácticamente solo, con el tanto del empate y la gestación de la jugada que terminó en el 2-1 que marcó Sergio Agüero.

A partir de ese día y hasta el final del camino a la Copa del Mundo, serían dos años de un nivel superlativo de la Pulga en la Selección, con partidos memorables como el 2-1 a Chile de visitante y goles de genio como el tiro libre por abajo de la barrera frente a Uruguay. Los diez tantos que anotó en esas Eliminatorias representan su mejor marca a nivel Selección para una misma competición. Sin embargo, el análisis de un período de tiempo tan largo puede quedar algo distorsionado: entre partido y partido del camino al Mundial pueden haber hasta cuatro meses de diferencia. Por eso, bien vale buscar también la mejor actuación de Leo en el combinado nacional en una competencia más corta, como son los Mundiales y las Copas América.

Desde que debutó en el conjunto nacional, allá por 2005, Messi disputó tres Mundiales (2006, 2010 y 2014) y cuatro Copas América (2007, 2011, 2015 y 2016). Y su mejor actuación, llamativamente, fue cuando no era el Diez, sino el 18: en Venzuela 2007, con apenas 20 años, el zurdo recién disputaba el primer certamen en el que aparecía como integrante del equipo titular y aparecía como una tercera guitarra en el equipo que lideraba Juan Román Riquelme y tenía a Hernán Crespo como referencia ineludible en el ataque. Sin embargo, ese puntero derecho chiquito y veloz que tiraba diagonales para el medio fue el que se llevó todas las miradas de un conjunto de Alfio Basile que en cuatro de los cinco partidos que jugó hasta la final marcó tres o más goles (sólo a Paraguay, en un encuentro que jugó con suplentes, le ganó 1-0), pero sufrió un golpazo en la definición contra Brasil.

Con partidos como el que jugó contra México en las semifinales, en el que convirtió uno de sus mejores goles en el seleccionado, Leo no solamente se terminó de ganar su lugar como titular indiscutido, sino que empezó a demostrar que estaba destinado a grandes cosas. Desde entonces, y tal vez porque justamente en Venezuela no tenía tantas responsabilidades, el rosarino no tuvo otra actuación similar en un período tan corto de tiempo: en Sudáfrica 2010 rindió, pero no marcó goles; a la Copa América 2011 llegó completamente fundido; y en Brasil jugó una primera fase brillante, pero desde octavos en adelante no anotó y sacrificó su nivel individual en pos del colectivo. Tal vez la Copa América de Chile, el año pasado, podría haber sido su gran cita, aunque la imagen del final deja todo un poco desdibujado. En la CA100, aunque tuvo partidos brillantes, tampoco fue el tiempo de la consagración definitiva.

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