Si bien no se han escatimado esfuerzos en el Gobierno para dar públicamente por finalizado el choque frontal que protagonizaron la semana pasada los ministros de Hacienda, Rodrigo Valdés, y su par del Trabajo, Alejandra Krauss, por los criterios gubernamentales que contemplará la reforma al sistema de pensiones, el episodio es un llamado de atención para la forma en que se manejen durnte los próximos meses las relaciones siempre complejas entre el jefe de la billetera fiscal y la coalición de Gobierno, en un año que, debido a las elecciones presidenciales y parlamentarias marcando a diario la agenda pública, tienden a entrar en una ruta de colisión. Casi un campo minado por el que debe transitar el secretario de Estado, de quien ya el 2016 se habló en más de una ocasión de su agotamiento con las tensiones de la coyuntura.

En un seminario sobre pensiones la semana pasada, la ministra Krauss dijo que el 5 por ciento extra de cotización será en cuentas personales administradas por un ente público porque, estamos claros, ni un peso más a las AFP. Quiero ser categórica, ni un peso más a las AFP. Acto seguido, Valdés le respondió con extrema dureza: “La Presidenta de la República me encargó conducir la búsqueda de un acuerdo para mejorar las pensiones con todos los partidos políticos con representación parlamentaria, que se ha concretado en reuniones sistemáticas durante los últimos cinco meses. La ministra del Trabajo de manera imprudente comunicó públicamente hoy la visión que tenemos sobre la administración del 5 por ciento que se convertirá en el pilar de ahorro colectivo, anticipando un debate que se daría en la mesa con los partidos, sin precisar los detalles de esta propuesta y otros elementos complementarios. Además, empleó consignas que están fuera del espíritu con que hemos trabajado (…) las que pueden afectar severamente las confianzas de quienes están participando en este esfuerzo”.

El episodio fue extraño, porque llevó a que la defensa corporativa que hizo la falange de su ministra coincidiera con la reacción que tuvo el PC ante el tema, partidos que desde el origen de la Nueva Mayoría han tenido una convivencia tensa en la coalición, que representan los extremos de la misma, pero que en esta vuelta terminaron ambos apuntando y fustigando al jefe de la billetera fiscal.

La situación claramente complicó a La Moneda, no por nada se hizo un llamado al orden y a mejorar la coordinación interna en el consejo de gabinete que protagonizó el viernes 23 de marzo la Presidenta Michelle Bachelet, donde quedó claramente establecido que no era posible seguir escalando en ese conflicto público y que no podía existir un nuevo error que lo reavivara. También se puso el acento en difundir estratégicamente en los medios la reunión bilateral de Valdés y Krauss (foto incluida), el domingo, donde se terminaron de limar las asperezas para cerrar el capítulo.

En Palacio llamó profundamente la atención lo sucedido, porque consideran que la relación entre los dos ministros es “por lejos mucho mejor” y “más fluida” que la que tuvo Valdés con la ex ministra del Trabajo, Ximena Rincón, sobre la cual siempre se comentó, a nivel gubernamental y parlamentario, acerca de los roces y diferencias entre ambos. Por lo mismo, en la sede gubernamental el conflicto Krauss-Valdés fue entendido como una seguidilla de errores mutuos que se exacerbaron políticamente, debido a que el “ambiente está muy crispado y todos están muy sensibles”.   

En el seno de La Moneda consideran que el ministro de Hacienda perdió la calma, que su principal error fue “no hacer el control previo”, o sea, haber llamado privadamente a Krauss para plantearle sus puntos de vista y advertirle que debía salir a dar una señal pública. En vez de eso, respondió con otro error: le quitó el piso, sin considerar que es bien difícil que un partido deje que maltraten ante las cámaras a uno de sus ministros, más aún si es año electoral y tiene candidata presidencial propia.  

En Hacienda asumen que las diferencias con Krauss solo pasaron por el error estratégico de adelantar parte de lo acordado en el seno del Ejecutivo y con las mesas técnicas donde se discuten las propuestas para una reforma al sistema de pensiones. Cuestionan que lo hiciera sin pensar, sin aplicar una táctica comunicacional, arriesgando la viabilidad de un acuerdo que, a todas luces recalcaron en el ministerio aún necesita seguir siendo conversado.

Pero en Teatinos 120 también ha molestado que, con esas declaraciones, la ministra DC diera pie para instalar la idea de un gallito político de fondo que es inexistente entre Valdés y la falange, precisamente en un año de campaña, como si ambos actores estuvieran en posiciones contrapuestas, en circunstancias que, en la práctica, es la colectividad de la Nueva Mayoría con la que más sintonía ha tenido, especialmente en materia de pensiones. Es más, en la bancada de senadores DC se reconocen como “el verdadero soporte político” del titular de Hacienda, algo que aseguraron la autoridad PPD sabe a cabalidad, mientras que sus pares de la Cámara Baja ponen en privado paños fríos al hecho y lo califican como una simple descoordinación, un malentendido en el que ambos se equivocaron.  

Por lo mismo, en Hacienda molestaron las reacciones aireadas de distintos actores de la falange, que exacerbaron ese supuesto enfrentamiento de fondo que no es tal, como las declaraciones del subjefe de la bancada de diputados DC, Gabriel Silber, quien dijo que “en Teatinos 120 viven en otro planeta, y no lo digo solo por el tema reformas y AFP. No hay ninguna conexión con lo que esperan los chilenos. O que la ex ministra Rincón aprovechara el episodio para insistir en que salió del Gobierno por sus diferencias políticas con Valdés, en circunstancias que no consideran que se haya destacado por impulsar cambios profundos al sistema.

Desde la Democracia Cristiana recalcan que no había otro camino más que respaldar a Krauss, porque la sacada de piso que le propinó Valdés fue “muy violenta y exagerada”, una sobrerreacción por miedo –agregaron desde la directiva a que se le quebrara la mesa técnica, algo que nunca estuvo ni cerca de suceder. Pusieron el acento en que el ministro de Hacienda “está muy agobiado con las finanzas públicas” y eso lo lleva a perder la flexibilidad política y táctica que se requiere, una habilidad que tendrá que sacar a flote los próximos meses.     

Campo minado

La reforma al sistema de pensiones es un tema de alta sensibilidad política, ha marcado y marcará la campaña presidencial y parlamentaria, más aún con más de 600 mil personas en la calle, solo en la Región Metropolitana, el domingo 26 de marzo, exigiendo “No + AFP”. Por eso, tanto en el Gobierno como en la coalición oficialista, consideran clave que Bachelet no dilate en exceso el anuncio de la propuesta gubernamental, la que servirá para rayar la cancha en la que se podrán mover los parlamentarios y candidatos de la Nueva Mayoría, lo que también neutralizará eventuales roces públicos innecesarios, como el que protagonizaron Krauss y Valdés.  

“Entiendo el interés enorme que hay por este tema, precisamente fue eso lo que constató la Presidenta Michelle Bachelet cuando la ciudadanía se manifestó en un tema tan sensible como la reforma a las pensiones, por eso se ha llevado a cabo un trabajo incesante por cinco meses para llegar a un acuerdo (…). La Presidenta ha señalado, hace unas semanas, que espera en un plazo de un mes recibir una propuesta que emane de las mesas de trabajo que han liderado los ministros Kraus y Valdés, para ella poder sancionar una propuesta y referirse públicamente al tema”, señaló ayer en La Moneda la ministra vocera, Paula Narváez, quien de paso recalcó lo importante de no adelantar informaciones parciales sobre la reforma.

Mientras no se conozca oficialmente la decisión que tome Bachelet al respecto, en el seno de La Moneda reconocen el riesgo de que se repitan gallitos públicos similares a los de Hacienda y Trabajo.   

Tanto al interior de Palacio como en la Nueva Mayoría reconocen que quien lidera ese trabajo, todas las reuniones, todas las conversaciones, quien ordena internamente este proceso, es el ministro Valdés, razón por la cual no pocos en el oficialismo consideran que ese punto debió dejarse más claro, para que el jefe de la billetera fiscal no quedara magullado públicamente con este episodio.

Más aún cuando nadie duda que el ministro de Hacienda cuenta con el apoyo de Bachelet, con su respaldo y confianza, algo que confirman en Teatinos 120, en La Moneda y en la Nueva Mayoría. “La Presidenta es el gran soporte que tiene Valdés, ella tiene claro, sabe que si él sale del Gobierno se le cae toda la estantería”, recalcó un influyente senador oficialista.

El año pasado, puntualmente tras la complicada discusión del reajuste al sector público, se comentó mucho en la trastienda de La Moneda y de los partidos de la Nueva Mayoría, el cansancio y molestia que sentía Valdés por lidiar con los intereses coyunturales de la política. Por lo general, los ministros de Hacienda son figuras complejas en los gobiernos, no siempre son comprendidos, por lo general son cuestionados por los parlamentarios, ya que los criterios políticos chocan habitualmente con los criterios de realidad para administrar responsablemente las arcas fiscales.

Dicen que Valdés tiene mejor manejo, genera más diálogo, escucha más y ha mostrado más criterio político que varios de sus antecesores, punto sobre el cual dan el ejemplo de Andrés Velasco, quien ocupó dicho cargo durante la primera administración bacheletista y era duramente criticado por la entonces Concertación.

En el Gobierno recalcan que Valdés no está solo, que es respaldado no solamente por Bachelet sino también por el comité político, que salvo este impasse su relación con la DC siempre ha sido buena, que el PPD es su partido y en general lo apoya, que con el PS logró subsanar las dificultades, lo que quedó de manifiesto con el regreso del senador socialista Carlos Montes a la presidencia de la Comisión de Hacienda.    

A pesar de eso, en la Nueva Mayoría no descartan que con el transcurrir de los meses aparezcan otras diferencias públicas con Valdés y ahí serán clave las lecciones aprendidas de este episodio, como el manejo político que demuestre. En el Congreso explicaron que a su favor juega el contar con dos buenos asesores en su staff, el economista Enrique “Poli” Paris y la coordinadora legislativa Macarena Lobos, quienes son considerados muy asertivos en su trabajo, que saben con quién conversar en el Parlamento para llegar a buen puerto con los temas.

Hay varios diputados con los que Valdés tiene según constatan en el Congresodiálogo permanente, política de puertas abiertas, con quienes almuerza en Valparaíso bastante seguido y que, por lo mismo, cumplen el estratégico papel de puentes políticos entre sus bancadas y el jefe de la billetera fiscal: los democratacristianos Pablo Lorenzini y José Miguel Ortiz; los socialistas Marcelo Schilling y Manuel Monsalve.  

La DC ya le planteó a Valdés que apoyarán la propuesta de reforma al sistema de pensiones que resuelva La Moneda únicamente si cuenta con la venia de toda la Nueva Mayoría, porque no van a pagar solos los costos de una iniciativa que quizás no cumpla con las expectativas ciudadanas. El PS, en tanto, ha puesto sobre la mesa aumentar el porcentaje de cotización de los trabajadores que con el 5% adicional llegaría al 15%–, para que alcance al 20%, idea que no gusta en Hacienda, pero que sí ha sido tomada por el ex Presidente y actual candidato, Ricardo Lagos, quien se inclina por una cifra que oscile entre el 18% y el 19%.


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