El Molinón se viste de gala para acoger un partido que tendrá una repercusión importante en la clasificación, tanto en la zona alta como en la baja.

Asturias, patria querida” señala la canción popular sobre la comunidad del norte de España. Y bien podría adoptarla el Real Madrid respecto al feudo de Gijón, donde el cuadro merengue no ve la derrota desde el año 1994. 23 años, ni más ni menos. Una distancia larga en el tiempo, en una época en la que Mateo Kovacic y Marco Asensio todavía no habían visto la luz de este mundo. El nombramiento de estos dos jugadores del conjunto blanco tampoco es casual, puesto que en un mes de abril tan complicado para los de Zinedine Zidane, tanto el croata como el balear se pueden tornar en una pieza clave para ayudar al equipo a lograr los dos objetivos que restan en la temporada.

La preocupante baja de forma de Luka Modric en los últimos choques clama a gritos un descanso para el ex del Tottenham en pos de cederle terreno a su compatriota, llamado a ser su heredero en el Real Madrid. Por su parte, Marco Asensio golpea como un martillo neumático sobre el asfalto y pide un puesto más importante en la plantilla, incluso por delante de un James que no parece gozar de un buen momento personal en el club capitalino. Solo Isco y Casemiro parecen estar al alcance del mallorquín, y ya ha mostrado tremendas cualidades en los pocos minutos en los que ha podido. La última, en el choque de la Champions League ante el Bayern de Múnich en el territorio alemán donde fue determinante. Se dice pronto.

Con la eliminatoria del torneo europeo encarrilada -pero no decidida- a la vuelta de la esquina en el Santiago Bernabéu, Zidane necesita la plenitud de su plantilla para afrontar una cima que no tendría nada que envidiar del Everest. Sin embargo, para estar al 100% contra el conjunto bávaro y, además, afrontar el choque ante el FC Barcelona el próximo fin de semana –y que podría significar tener pie y medio para lograr el campeonato liguero-, el duelo ante el Sporting se presenta como un partido lleno de rotaciones. Además, por molestias, es más que posible que Gareth Bale sea una de las ausencias más destacadas del Real Madrid.

El Molinón siempre ha sido un estadio donde los merengues han logrado cosechar buenos resultados en los últimos tiempos. No en vano llevan ocho encuentros consecutivos sin ver la derrota y, además, sin encajar un solo gol en el campeonato liguero. A pesar de ello, el cuadro gijonés se juega vida y media ante su examen más difícil de la temporada si quiere tener alguna posibilidad de salir del descenso tratando de salvar el ligero colchón que mantiene el Leganés por encima en la clasificación para marcar la salvación y la permanencia en Primera División.

Los de Zinedine Zidane afrontan el primero de sus últimos tres exámenes de abril y que, por ahora, está salvando con buena nota sin conocer la derrota. La Liga pasa por ganar en El Molinón y llegar con tres puntos de ventaja –unido al partido que le queda por jugar contra el Celta- al Clásico. La Champions, por ganar y eliminar al Bayern para alcanzar las semifinales. Pero antes tendrán que enfrentarse a un equipo que pelea por la salvación y, a pesar de lo que digan las estadísticas, que le pondrá las cosas difíciles a los blancos. La moral y la mentalidad son más importantes que nunca en un partido que puede resultar una trampa mortal para los merengues.

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