Ricardo Neupert demógrafo y observador internacional del Fondo de Población de la ONU, criticó no solo el diseño del Censo 2017, que en vez de las 42 preguntas habituales, contempla solo 21, sino también la calificación de abreviado.

Es un término que no había escuchado para referirse a un censo con menos preguntas que las de uno convencional, que son las sugeridas por organismos internacionales”, afirma.

“El problema es que se dejó de preguntar temas importantes como discapacidad y nacionalidad. Tengo mis dudas si gana en eficiencia si se reduce en unas cuantas preguntas. Y se está perdiendo la posibilidad de recolectar información valiosa”, agrega.

Como ejemplo, comenta, el censo no pregunta por nacionalidad. “La que se acerca es la pregunta 12A donde consultan a personas nacidas en el extranjero, el año de llegada a Chile”, consigna La Tercera.

Pero los cuestionamientos al diseño abreviado del Censo no se detienen ahí. Emiliano Soto, presidente de la Mesa Ampliada de Iglesias Evangélicas, dice que manifestaron al INE su preocupación por la omisión de la pregunta sobre religión. “La explicación que nos dieron fue que por ser un censo abreviado se reducen las preguntas a la mitad. Para nosotros es de vital importancia conocer la realidad religiosa del país, sobre todo por el crecimiento que pudimos tener en los últimos 10 años. Esperamos se incluya en el próximo censo”, expresa.

Para Karina Olivares, directora social de la Fundación Nacional de Discapacitados, excluir el tema de discapacidad afecta las políticas públicas inmediatas, una decisión técnica que es, según dice,  incomprensible para las ONG. “Nos parece gravísimo. Necesitamos actualizar las cifras de discapacidad. El Estado no ejecuta un plan sobre discapacidad bien articulado y hay una carencia en el tema, que se agrava con excluirlo del censo. No nos satisface que sea un censo abreviado”, dice.


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