Ya habían pasado los años más álgidos de la intromisión en política de Agustín Edwards Eastman, la democracia había vuelto hacia ya 15, y el gobierno de Ricardo Lagos -el primer militante socialista en el poder desde Salvador Allende- entraba en su recta final.

Pero aun así fue en 2005 cuando el entonces Presidente y el dueño de El Mercurio tuvieron su altercado más fuerte, y más público.

El diario había publicado una nota en la que se sostenía que Correos de Chile daba un trato especial a la compañía Software A.G., de la que Roberto Durán, hermano de la esposa de Lagos, Luisa Durán, era director de asuntos internacionales para América Latina, insinuando tráfico de influencias.

Entonces, y volviendo de un viaje de estado en el exterior, un iracundo Lagos procedió a enviarle una carta a Edwards, la cual iba con el membrete oficial de la Presidencia pero se infería que era de carácter privado.

“Al regresar hoy a Chile, me encuentro nuevamente con que su diario da lugar a todo tipo de “informaciones” relativas a parientes míos. Ésta ha sido la tónica de su diario durante todos los años de mi gobierno”, iniciaba el jefe de Estado en la carta.

“Lamentablemente, cuando se escriba la historia, el suyo quedará como el resumidero de todos los infundios con que se quiso atacar al Presidente de Chile. Lo lamento profundamente. Habría esperado algo distinto dado el conocimiento que usted y yo nos tenemos recíprocamente”, continuaba Lagos.

“He intentado lo mejor para Chile, para el reencuentro, pero el odio, la bajeza y la forma como su diario permanentemente ha tratado estos temas, creo que hacen que su diario esté muy lejos de lo que dijera su abuelo”, escribió, para luego subir el tono: Ha terminado el suyo siendo un diario al servicio de una tribu, la tribu que desea sembrar el odio a través de los que escriben su página editorial y la tribu de los que quieren atacar no importa por cuáles medios”.

La crítica no le sentó muy bien al empresario, que tomó la decisión de publicarla en la sección de cartas al director de su diario, justificándose en que llevaba el mebrete oficial de la Presidencia de la República. El gobierno debió salir a decir que se trataba de una epístola privada y de carácter personal, sin embargo la pelea quedó instalada a la luz de la opinión pública.


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