“Chahin, Chahin, primera mayoría”, vociferaban entre gritos y cánticos los más de cien militantes democratacristianos que se quedaron hasta el final del consejo nacional de su partido, que se desarrolló el pasado 11 de marzo. La base militante que apoyó la candidatura a consejero del diputado por La Araucanía, se concentró en el centro del salón principal del Círculo Español, lugar en donde se desarrollaron las elecciones internas que consolidaron el liderazgo del diputado Fuad Chahin. Él, con una gran sonrisa y ojos cristalinos, gritaba con la misma euforia de sus “camaradas”, debido a que obtuvo la primera mayoría entre los 800 votantes. En las esquinas, pasmados y un tantos impactados y con risas nerviosas, estaban el resto de la militancia y los principales candidatos, entre ellos, la ex ministra Ximena Rincón. Todos esperaban que la entusiasmada barra bajara el volumen, para poder terminar con la sesión que llevaba más de doce horas de duración.

Esa fue una jornada redonda para el diputado y ex dirigente falangista de Curacautín, que comenzó su carrera como militante a los 14 años. El 11 de marzo no solo logró la primera mayoría con 243 votos del consejo nacional, sino que superó a una de las candidatas seguras para dicha elección, Ximena Rincón, y, junto con los otros miembros de su pacto, dejaron en noveno lugar al histórico líder de los guatones, Gutenberg Martínez.

“Una cosa quedó clara ese día sábado y es que, con ese triunfo, se consolidó la línea de los colorines y el poder de Fuad al interior del PDC”, recuerda un consejero del sector chascón de la falange. A este hecho, se suma la proclamación de Carolina Goic como candidata presidencial, también colorina e íntima amiga del diputado. Chahin respaldó y levantó su campaña para la presidencia del partido y luego operó como su principal impulsor para que sea la carta DC en las primarias de la Nueva Mayoría.

Todo parecía ser miel sobre hojuelas a mediados de marzo, pero, tras la bajada de Ricardo Lagos, el panorama para la planificación del sector colorín de la DC –que lidera actualmente a la falange– comenzó a complicarse. Ante este escenario y utilizando “su tradicional capacidad para mantener el balance y la perspectiva política” en momentos de crisis, el diputado Chahin marcó una línea de salida ante la tensión generada por la vía propia –que fue impulsada por los sectores más conservadores de la DC–, una candidatura presidencial independiente, con un acuerdo parlamentario que sentaría las bases para un nuevo pacto de centroizquierda.

Esta es la idea que empujará este sábado en el consejo nacional, encuentro que no solo definirá el futuro de la Democracia Cristiana en las elecciones de noviembre, sino que será una “verdadera prueba de fuego” para el parlamentario y su sector, pues tendrá que justificar su cambio de línea ante “los más de 200 consejeros que lo respaldaron y que no necesariamente son miembros de los colorines, sino más bien militantes de base que creyeron en su apuesta”, asegura un cercano a Chahin.

Junto con esto, “el palestino”, como lo llaman en la interna, pondrá a prueba el respaldo y despliegue operacional de su círculo de confianza, que está alejado de las “cúpulas de poder” tradicionales y proviene principalmente de pequeños dirigentes regionales, no necesariamente identificados con la línea colorina, lo que a ojos de sus principales detractores sienta las bases de un apoyo “muy voluble”, que podría hacer que el gutismo recupere terreno.

Trabajólico hijo de la DC

El diputado Chahin nunca deja de estar atento a los dos celulares que siempre lleva consigo, se mueve de un lugar a otro y transita por los pasillos del Congreso con rapidez entre las tres comisiones a las que pertenece: Economía; Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento; y la comisión investigadora por el caso Bancard-Exalmar, la cual preside. Su jornada comienza a eso de las “siete de la mañana y termina en semana distrital a veces a la una de la mañana, en semana legislativa a las once de la noche, pero sigue conectado”, detalla un miembro de su equipo parlamentario.

Es reconocido por ser “trabajólico” y “querer todo rápido, pero rara vez se enoja”, agrega un colaborador cercano. El diputado por La Araucanía, cuenta un chofer, “durante las semanas legislativas porque corre todo el día”. Tradicionalmente, los días lunes coordina reuniones de dirigentes territoriales en Santiago y durante la semana transita entre la capital y la Novena Región, lugar en donde se encuentra su núcleo político de confianza, conformado por alcaldes, dirigentes vecinales y representantes locales de la DC, con los que forjó su militancia desde la adolescencia.

Más de algún “reto en la casa” le llega cada vez que contesta el teléfono fuera del horario de trabajo, intenso ritmo que en los últimos meses le ha pasado la cuenta, ya que solo le permite ver a su hija Amira los días domingos, “lo que le ha afectado”, señala un cercano.

Un “parlamentario joven, de carácter fuerte, constructor de equipos de trabajo”, lo que le ha posibilitado crecer en el partido, asegura Myriam Verdugo, vicepresidenta de la DC y parte del círculo de hierro del diputado en Santiago. Según la dirigenta falangista, su carácter fuerte y ‘aguja’ “le ha traído un buen grupo de enemigos en el partido”, los que acusan que Chahin se ha dedicado a construir un camino propio, basado en “personalismo” y “caudillismo”.

El abogado de 41 años es hijo de un histórico militante de la comuna de Curacautín, Fuad Armando Chahin Said, quien presidió el proceso de la Concertación por el No, a finales de los años 80. De él heredó su veta política, mientras que su lado “más social y cercano al pueblo mapuche” provino desde su madre, Gladis Valenzuela Lonconao.

En plena adolescencia, llegó a ser presidente comunal de la Juventud DC y coordinador secundario. En 1995 se trasladó a Santiago y, siguiendo el camino de su padre, estudió Derecho en la Universidad de Chile. Allí, con un trabajo partidario a cuestas, se convirtió en dirigente estudiantil, fue delegado del centro de alumnos, miembro del consejo constituyente de la FECH y presidente de la Democracia Cristiana Universitaria (DCU), espacio en el que “empezó a curtir su liderazgo centrado en las bases y distante de las fuerzas cupulares”, recuerda un ex compañero de la Facultad de Derecho.

Quienes estudiaron y militaron con él en su época universitaria, lo recuerdan como un dirigente “muy hábil para negociar políticamente, interactuaba con las otras fuerzas políticas de la Universidad de Chile, en donde casi no había derecha”, asegura Juan Pablo Marchant, estudiante de Administración Pública y vicepresidente de la DCU de la época. Eran tiempos en que los partidos de la entonces Concertación estaban perdiendo fuerza al interior de las universidades. La Juventud Comunista se consolidaba como la principal fuerza política, principalmente al interior de la Universidad de Chile, y el Partido Socialista y la DC disputaban el segundo lugar. “Nos encontrábamos entre la segunda y tercera fuerza política e intentábamos unir fuerzas con los socialistas, pero ellos trataban de ser más de izquierda que los comunistas”, recuerda Marchant.

Durante su dirigencia universitaria, “Fuad cimentó su camino propio, fue muy hábil para moverse con los peces gordos del PDC de la época, y además comenzó una fuerte relación con Adolfo Zaldívar, su padre político al interior del partido”, señalan desde el ala más conservadora. En esa época, Eduardo Frei era Presidente de la República, y el ministro de Educación era José Pablo Arellano, militante de la DC, al igual que el Rector de la Casa de Bello, Jaime Lavados. “Duro panorama para un dirigente estudiantil que busca hacer carrera política y mantener equilibrios con el partido”, agregan.

Un trabajo que al parecer Fuad Chahin pudo realizar.

“Teníamos presiones desde dentro del partido para terminar con los paros, detener a los comunistas y la labor de nosotros no era esa. Los comunistas de la universidad eran súper institucionales, ellos dirigían el tema, pero claramente teníamos mejores relaciones con ellos que con los socialistas en la FECH”, recuerda Juan Pablo Marchant, quien agrega que Chahin “salía con la típica de que ‘a nosotros nos elegían los estudiantes’. Él tenía esa habilidad. Como dirían los comunistas, una pata en la universidad y otra en el partido”.

Con un sello muy similar al que ha cultivado en sus años de militante, el diputado Chahin intentó en innumerables ocasiones silenciar a las autoridades DC que le exigían “ustedes, niñitos, bajen el paro o controlen la Chile” y, al mismo tiempo, mantener una buena relación con las dirigencias del partido.

“Éramos una fuerza que estaba en decadencia en esos momentos”, agrega Marchant, quien junto con Chahin, en más de una ocasión, solicitaron financiamiento para las campañas de federación: “Pasábamos el plato entre los militantes, y no era que nos pasaran millones, al final las campañas eran igual de precarias que el resto de las fuerzas políticas y él tenía muy buena llegada con los dirigentes del partido. Ya ahí había generado ese vínculo”.

Big boss de los colorines

Al interior de la DC lo reconocen como el “líder indiscutido de los neocolorines” y afirman que supo recomponer a un sector que se vio quebrado con la expulsión de Adolfo Zaldívar, en el año 2007, tras oponerse a la implementación del Transantiago. “Él recogió lo que quedó de los colorines en el partido, porque ellos eran un lote pequeño. Al principio de los 90 los que tenían el control eran los guatones, con Martínez. Adolfo creó a los colorines y, cuando se fue, quedó mucha gente en el vacío”, señala un militante DC.

A pesar de que hasta la universidad se reconocía como un chascón, tras su paso por la Universidad de Chile siguió la línea de la “corrección del modelo” planteada por Zaldívar, se acercó a él y construyó una estrecha relación política. “Era común verlos conversando, Fuad siempre se cuadraba con su línea, hasta que Zaldívar dejó el partido”, asegura un colaborador del diputado. El propio parlamentario confirma dicha relación. “Lo seguí hasta que lo expulsaron, pero no me salí del partido, porque sentí que era un salto al vacío lo que estaban haciendo con Adolfo”, indica el diputado.

Tras la expulsión de Zaldívar, Chahin cultivó un “bajo perfil público” hasta que salió electo parlamentario en el año 2009, luego de haber perdido en el año 2001, por 200 votos, ante Jaime Quintana (PPD). “Cuando salió electo, el Fuad se recompuso. Tomó las riendas de un sector que estaba muy alicaído y marcó un plan para que los colorines volvieran a su origen, como representantes de la clase media, cercanos a las bases y conectados con la militancia”, recuerda un militante del sector.

De esa forma, el diputado y otros militantes colorines que permanecieron en la DC, comenzaron a agrupar a distintos falangistas disgregados, junto con algunos que se habían salido del partido, y se “reunieron con el fin de ocupar un espacio vacío interno”, sentando una alianza estratégica con las bases y dirigencias regionales.

Animal político y constructor de bases

Chahin también ha desarrollado su veta política al interior de la comunidad palestina en el país. Su ascendencia le viene por parte de padre. Llegó a ser vicepresidente de la Federación Palestina de Chile, compromiso que lo ha llevado a “viajar en diferentes ocasiones a Medio Oriente”, cuenta un colaborador.

Este trabajo lo ha desarrollado en paralelo a su consolidación como diputado, quedando en evidencia al ser reelecto con un 50% del padrón de votantes en el año 2013, con una base electoral que hoy lo posiciona como una de las cartas fuertes que baraja la DC para el Senado.

En el tránsito hacia la reconstrucción estratégica con los colorines, Fuad Chahin comenzó a cimentar una fuerte amistad con la actual presidenta de la DC, Carolina Goic, la que se dio cuando ambos comenzaron a compartir roles en la bancada de la colectividad. En un fuerte proceso de crecimiento de la fuerza, el diputado Chahin intensificó sus viajes a lo largo del país, esta vez acompañado de Goic. Desde la falange aseguran que llegaron a convertirse en una pareja dinámica, basada en una relación de juego constante entre quien elabora y quien ejecuta, pero dejando en claro que, a pesar de que “Fuad es un muy buen compañero de la Carola, no es el mentor de ella”.

En este transitar por Chile, “Fuad ha recogido a gente progresista, una mezcla entre colorines y ex chascones, pero es un trabajo de hormiga, sistemático, ordenado”, puntualiza un íntimo colaborador, trabajo que tendría como objetivo consolidar su liderazgo al interior del PDC, para que “en un periodo no muy lejano sea el presidente del partido”.

Su núcleo más duro está compuesto por militantes y dirigentes que no son conocidos. En Santiago destacan Pedro Concha, dirigente de base y consejero nacional; Myriam Verdugo, segunda vicepresidenta de la DC, “muy conectada con el mundo social y territorial”; y Cristián Sandoval, ex concejal de Renca.

En La Araucanía, en tanto, destacan el alcalde de Lautaro, Raúl Schifferli, y Gerardo Pérez, presidente del PDC regional de Temuco, que no es de la línea colorina. De acuerdo a los sectores más conservadores, “la gracia que ha tenido Fuad es que ha ido recogiendo los dirigentes que antes trabajaban con Gutenberg, más que por condiciones políticas”. Sus extensos viajes a lo largo del país siempre van acompañados “de un buen asado y cervezas”, lo que lo ayuda a generar vínculos.

Dicen que es como “Guido Girardi lo es para el PPD”, quien contaba que “de las 24 horas del día, 23 estaba pendiente del celular. El compadre llama y se contacta con todo el mundo, no hay lugar donde no tenga alguna llegada”, agregan desde la DC. “Es un enfermo recorriendo, ha hecho bien la pega de generar la mejor alianza, ha envalentonado a ese sector, pero no es que todos los que votaron por Fuad sean colorines”, sostienen.

Para Myriam Verdugo, lo esencial del trabajo que ha realizado Chahin es que “va armando climas de confianza” con las bases más alejadas de los núcleos de poder. Los “hace sentir que no están solos y es muy dispuesto al diálogo”, cuenta Verdugo.

Por su parte, Gerardo Pérez asegura que el poder no lo obtiene “por las redes y cúpulas políticas centrales, sino que la fuerza la obtiene desde las bases”. El dirigente de la DC regional agrega que Chahin es uno de los pocos parlamentarios que hace vida partidaria y señala que “él ha contribuido a la consolidación de la institucionalidad política de la Democracia Cristiana, a diferencia de los otros personajes públicos DC que hay acá en la región”.

Otra de las características del abogado es “su olfato político y habilidad para encontrar salidas a los momentos críticos”, reconocen tanto sus colaboradores como los militantes de otras líneas. Ejemplo de esto fue su renuncia a asumir la vicepresidencia de la DC, luego de que estallara el caso SQM, que involucraba a los hijos de Jorge Pizarro, a través de Ventus S.A.

En esa ocasión declaró que era “un hecho innegable, que afecta a nuestro partido, el que asuma su presidencia un camarada que aparece indirectamente cuestionado”. Una jugada que ha sido calificada como “magistral” por distintos sectores de la DC, pues le dio un respaldo para mostrarse como una de las caras de la renovación al interior de la falange.

Esta habilidad también habría quedado evidenciada un mes antes, cuando su nombre apareció entre las personas que habían recibido boletas de Inversiones Caburga, nexo con el caso SQM del Grupo Said. Familia que entró en la causa luego de que la contadora DC, Clara Bensan, declarara que el operador Giorgio Martelli le solicitó que emitiera dos facturas falsas a la señalada empresa en diciembre de 2009. En esa misma fecha, Chahin, que fue candidato a diputado ese año, figura con boletas, las que –según señaló en ese momento a El Mostrador– corresponden a “boletas emitidas por servicios profesionales en mi época de abogado, como muchas otras emitidas entre 2006 y 2009 en que ejercí libremente la profesión de abogado, primero en estudio Arévalo y Cía. y desde julio de 2007 en Abdala y Cía. En consecuencia, no hay nada irregular en aquello”.

Esta rápida respuesta dejó tranquila a gran parte de la militancia DC. “Él estaba trabajando”, aseguran sus colaboradores más cercanos, aunque desde algunos sectores más progresistas vieron con desconfianza el hecho de que Chahin respaldara una polémica indicación en la Comisión de Constitución, que abría la puerta para que las empresas pudieran continuar haciendo aportes reservados a los partidos políticos. Una “pequeña mancha que no le trajo grandes problemas, pero justo un mes después renuncia a la vicepresidencia y deja caer a Pizarro”, indica una fuente desde la tienda.

La prueba de fuego

El hecho de que este sábado Chahin se juega su capital político y su habilidad para sacar adelante su línea política, es consenso al interior de la falange. La definición del consejo nacional determinará si la apuesta de una carrera presidencial propia y una lista parlamentaria única logra convencer a la base militante y, de esta forma, consolidar el poder que ha construido en los últimos años.

Desde el gutismo afirman que “esto es una cuestión del momento y ellos lo están aprovechando”. Recalcan, asimismo, lo “voluble” de la base de Chahin, “ya que no tienen una máquina desplegada por todo el país, sino que una serie de pequeños acuerdos con líderes locales”.

“Cuenta con un grupo de operadores políticos, gente de base que se preocupa de estar atenta y ver cómo se están moviendo los hilos al interior de la DC”, lo que le permite monitorear los movimientos del Consejo y ayudar a la definición de la mesa”, señalan desde su núcleo cercano.

Por su parte el parlamentario adelantó a El Mostrador que “no tiene mucho sentido discutir la posición de una primaria, porque se ha transformado en un camino imposible de continuar. Sería lo mismo que decir que no tenemos candidato. Hay que tener las bases claras para tener un acuerdo parlamentario, y las fuerzas tienen que entender que a todos nos sirve llegar a un acuerdo parlamentario. La unidad de la centroizquierda se tiene que dar en el pacto parlamentario, y la diversidad se tiene que dar en la competencia”.

Una línea que no tiene completamente tranquilos a sus más cercanos, sobre todo a los parlamentarios DC, que ven con malos ojos el desgaste y el peligro que significa abrirle un espacio “al camino propio que ha levantado Mariana y su sector”. Pero “algo debe estar observando Chahin, como para cambiar su postura inicial”, apunta un parlamentario.


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