En su columna semanal, Carlos Peña analiza por qué fracasó el proyecto de Andrés Velasco, cuyo partido político (Ciudadanos) fue disuelto por el Servel.

La explicación más obvia, argumenta Peña, es la personalidad -es decir, la dimensión pública, el rostro que eligieron mostrar ante los demás- de Andrés Velasco y de algún otro de sus líderes.

Agrega que el ex ministro no tiene carisma y que es un ego anegado de sí mismo.

Por otra parte, el rector de la UDP plantea que una de las razones del fracaso son las ideas de Velasco y de Ciudadanos. Ellos parecen no haber aprendido cuál es una de las razones de la crisis de la esfera pública en Chile. Uno de los malestares que la animan deriva del hecho de que durante mucho tiempo estuvo anegada por las políticas públicas, por la idea de que la racionalidad meramente instrumental podría resolverlo todo. Velasco, sobra decirlo, tiene ideas; pero ninguna de ellas apunta al significado de la vida colectiva, sino que casi todas parecen el fruto de una consultoría, consigna El Mercurio.

Velasco y Ciudadanos deben aprender que las políticas públicas sin política, sin narraciones que hagan sentido a la vida colectiva, son vacías. En política, como en la vida, se puede soportar cualquier cosa si se puede contar una buena historia acerca de ella, y Velasco, desgraciadamente, no ha sabido contar ninguna. Y ocurre que, sin la capacidad de elaborar esas tramas de significado que confieran sentido a la acción colectiva, es imposible hacer política de veras, critica.

De acuerdo al columnista, Velasco incurrió en el error de creer que bastaba comportarse a la altura de su autoimagen para ganar la adhesión de la gente. Incurrió en la frecuente y torpe confusión de quienes tienen, respecto de sí mismos, una apresurada conciencia de ser una élite, creyendo que basta esa conciencia para que los demás adhieran a lo que dicen o piensan, sin advertir que, en los tiempos que corren, creerse parte de una élite es la mejor forma de asegurarse que nadie seguirá sus pasos.

Y sentencia: Incluso si el Servel enmienda la eliminación de Ciudadanos, incluso si por una estratagema legal el proyecto de Velasco o de Errázuriz, su candidatura o su partido, lograra sobrevivir, el efecto ya es inevitable: tamaño tropiezo para quienes proclamaban ser capaces de hacer bien las cosas, y superar las torpezas de la vieja política, los hunde en el ridículo.


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