El ex carabinero Rubén Aros es hoy el principal sospechoso del caso del presunto espionaje al interior de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa).

La Brigada del Cibercrimen de la PDI, no obstante, no lo tiene en la mira por haber intentado capturar conversaciones privadas al interior de la entidad gremial, sino porque dicho espionaje nunca habría ocurrido.

En efecto, la investigación policial apunta a que Aros instaló los micrófonos que fueron encontrados por él en las oficinas de la presidencia de la asociación de empresarios.

Así, Aros habría engañado a los representantes de Sofofa para hacerles creer que habían sido espiados y así cobrar dinero por sus servicios de seguridad. Eso sí, el imputado habría solicitado a un colaborador hacer un seguimiento a todas las noticias relacionadas con la elección de presidente del gremio y del hallazgo de los micrófonos.

Por medio de un informe de 45 páginas que la Brigada del Cibercrimen le dio al fiscal Roberto Contreras, de la Fiscalía Oriente, se precisa todo el trabajo que los detectives realizaron para aclarar este caso.
De este modo, el documento incluye las declaraciones de las personas que tuvieron algún grado de participación en este caso, así como las diligencias elaboradas para llegar a la conclusión de que, en realidad, la Sofofa nunca fue espiada.

En sus conclusiones, la PDI explica que “se estableció que no existió espionaje tanto en dependencias de Sofofa y Carozzi, ya que se determinó que los minimicrófonos espía habían sido implantados por Rubén Zito Aros Oñate y Lorena López López (su pareja y con quien trabajaba en Profasis)”.

 

 



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